Virgen de los Milagros de Caacupé

Comisión Virgen de Caacupé

Joven Colonia

Las incertidumbres generadas por la salida de Pedro de Mendoza llevaron a Carlos V a promulgar una cédula (decreto) algo único en la Latinoamérica colonial.

Las cédulas concedían el derecho para elegir al gobernador de la provincia del Río de Plata a los colonos si Mendoza no hubiese designado un sucesor o si el sucesor se hubiese muerto. Dos años después, los colonos eligieron a Irala como gobernador. Su dominio incluyó al Paraguay actual, Argentina, Uruguay, la mayoría de Chile y buenas partes del Brasil y de Bolivia. En 1542 la provincia se transformó en parte del Virreinato recientemente establecido del Perú, con capital en Lima. Iniciándose en 1559, la Audiencia de Charcas (actual Sucre, Bolivia) controló los asuntos legales de la provincia.

El gobierno de Irala puso el modelo para los asuntos interiores de Paraguay hasta la independencia. Además de los españoles, en Asunción también vivía gente proveniente de Francia, Italia, Alemania, Inglaterra y Portugal. Esta comunidad de aproximadamente 350 hombres escogieron como esposas y concubinas entre las mujeres guaraníes. Irala tenía varias concubinas aborígenes y animó a sus hombres para que se casaran con mujeres indias así se eliminaban las ganas de retorno a la madre patria. El Paraguay se erigió como tierra de mestizos rápidamente e incitado por el ejemplo de Irala, los europeos levantaron su descendencia como españoles. No obstante, las llegadas continuas de más europeos permitieron el desarrollo de una elite tipificada del criollo.
Los guaraníes, los kario, los tapé, los itatines, los guarajos y los tupi eran tribus que habitaron una inmensa área que comienza desde las regiones montañosas de las Guyanas cerca del Brasil hasta el río Uruguay.

Los guaraníes siempre estaban rodeados por otras tribus hostiles por lo tanto frecuentemente andaban guerreando. Ellos creían que las esposas permanentes eran impropias para la conducta de un guerrero de modo que en algunas tribus practicaban la poligamia con el objetivo de aumentar el número de descendencia. Los caciques tenían a menudo veinte o treinta concubinas, las cuales ellos compartían libremente con visitantes ocasionales. Esos jefes trataban bien a sus esposas oficiales pero no dudaban en castigar a menudo a las adúlteras con la muerte. Vale aquí la siguiente observación: como eran polígamos, tal vez los españoles se sintieron alentados a seguir tal norma de vida. Y como compartían las mujeres, los indios se vieron diezmados posteriormente por la sífilis, enfermedad desconocida en América e importada por los conquistadores. De esa manera los guaraníes puros se vieron reducidos numéricamente en el transcurso de los años.
Como las otras tribus de la zona, los guaraníes eran caníbales. Pero ellos normalmente comían sólo a sus enemigos más valientes capturados en batalla con la esperanza de adquirir la valentía y poder de sus víctimas.
En contraste con el guaraní hospitalario, las tribus de Chaco, como los payaguás (de donde provenía el nombre Paraguay según una de las varias versiones sobre el origen del nombre del país), los guaycurúes, los m'bayá, los abipones, los mocovíes y los chiriguanos eran enemigos implacables de los blancos.

Dejando una fuerza pequeña en la orilla norteña del anchuroso estuario, Gaboto procedió tranquilamente por el río Paraná por aproximadamente unos 160 kilómetros y fundó un fortín llamado Sancti Spiritu cerca de la actual ciudad argentina de Rosario. Continuó aguas arriba para otros 800 kilómetros más, más allá de la confluencia con el río Paraguay siempre sobre el Paraná. Cuando la navegación se tornó dificultosa, Gaboto retrocedió no sin obtener algunos objetos de plata que los indios del lugar afirmaron que venían bien lejos de una tierra al oeste. De ese modo Gaboto decidió desandar su ruta en el río Paraná y entrar en el río Paraguay. Aproximadamente cuarenta kilómetros debajo del sitio de Asunción, Gaboto encontró una tribu guaraní con posesión de objetos plateados, quizás algunos de los despojos del tesoro de García. Creyendo haber encontrado la ruta hacia las riquezas del Perú, Gaboto nombró al río Paraguay como "Río de la Plata", aunque hoy el nombre sólo se aplica al estuario donde a sus orillas está actualmente la ciudad de Buenos Aires.

Gaboto se volvió a España en 1530 y el emperador Carlos V (1519-56) fue informado sobre sus descubrimientos. Carlos V le dio permiso a Don Pedro de Mendoza para poder montar una expedición al estuario del Plata. El emperador también nombró gobernador del Río de la Plata a Mendoza y le concedió el derecho de nombrar a su sucesor. Pero Mendoza, un hombre enfermizo, perturbado, incapaz de ser líder cuya crueldad casi minó la expedición. Escogiendo lo que probablemente sea el peor sitio del continente para el primer villorrio español en América del Sur, Mendoza construyó un fortín en un pésimo puerto natural en el lado del sur del estuario del Plata en una llanura inhóspita fuertemente azotada por los vientos en 1536. Polvoriento en la estación seca, un cenagal en las lluvias, el lugar estaba poblado por la feroz tribu querandí para mayor desgracia española. Al nuevo fortín se le nombró "Buenos Aires" (Nuestra Señora del Buen Ayre para ser exactos), aunque apenas era un lugar que uno visitaría para pescar un "buen aire".

Mendoza provocó que el pueblo querandí declarara la guerra a los europeos. Millares de esos aborígenes, los timbú y sus aliados, los charrúas sitiaron la miserable compañía de soldados aventureros y hambreados. Los españoles se vieron obligados hasta de comer ratas y los cadáveres de sus camaradas difuntos.
Los viajeros en el Chaco narraban que los indios eran capaces de aprender rápidamente el uso de los caballos (animales de origen europeo) para ganar guerras. Los guaraníes aceptaron la llegada de los españoles y los buscaban para protección contra las tribus feroces vecinas pero también esperaron que los hispánicos los llevaran una vez más a una lucha contra el Inca.

La paz que había prevalecido bajo Irala se arruinó en 1542 cuando Carlos V nombró a Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, uno de los conquistadores más famosos de su época, como gobernador de la provincia. Cabeza de Vaca llegó a Asunción después de haber vivido durante diez años entre los indios de la Florida (Norteamérica). Casi inmediatamente, la provincia del Río de la Plata con 800 europeos como elite se escindió en dos facciones antagonizantes y belicosas. Los enemigos de Cabeza de Vaca lo acusaron de opositor de los intereses de los indios y de autoritario recalcitrante. Éste intentó aplacar a sus enemigos lanzando una expedición en el Chaco en busca de una ruta a Perú. Este movimiento molestó enormemente a las tribus del Chaco tanto que ellos iniciaron una guerra de dos años de duración contra la colonia y amenazaron virtualmente su propia existencia. En la primera de las innumerables revueltas de la colonia contra la Corona, los colonos arrestaron a Cabeza de Vaca, lo enviaron a España cargadísimo de cadenas y le devolvieron el gobierno a Irala. En medio de ese fragor, la comunidad colonial se dividió entre "leales" (a la Corona) y "comuneros", éstos últimos llamados así en honor a los comuneros castellanos caídos ante Carlos V en defensa de sus derechos populares contra los privilegios reales.

Irala gobernó extensamente y sin interrupción hasta su muerte en 1556. En muchos aspectos, su gobierno era uno de los más humanos en el Nuevo Mundo español en ese momento y marcó la transición de los conquistadores a los hacendados en la colonia. Irala mantuvo relaciones óptimas con el pueblo guaraní, con los indios antaño hostiles luego pacificados, hizo exploraciones al Chaco y dio inicio a las relaciones comerciales con el Perú. Ese vasco soldado de fortuna fue el que originó los principios de una industria textil y la introducción de ganado que floreció en las colinas fecundas y prados del país. La llegada del padre Pedro Fernández de la Torre el 2 de abril de 1556, como el primer obispo de Asunción marcó en Paraguay el establecimiento de la Iglesia Católica. Irala también fue testigo de la construcción de una catedral, dos iglesias, tres conventos y dos escuelas.

Irala antagonizó a los indios de todas formas. En los últimos años de su vida, se rindió ante las presiones de los colonos y estableció la encomienda. Bajo este sistema, los colonos recibieron tierras a modo de propiedad junto con el derecho a la labor y producción de los indios que vivían en esas propiedades. Aunque se esperaba que los encomenderos satisfagan las necesidades espirituales y materiales de los indios, el sistema se degeneró rápidamente en una virtual esclavitud. En Paraguay 20.000 indios eran divididos entre 320 encomenderos. Esta acción chispoteó una revuelta india muy grande en 1560 y 1561. La inestabilidad política preocupó a la colonia y las revueltas eran moneda corriente. Además con recursos y milicia limitados, Irala poco pudo controlar las correrías de merodeadores portugueses a lo largo de las fronteras orientales. Aun así Irala dejó el Paraguay próspero y relativamente en paz. Aunque no había encontrado ningún El Dorado para empatar los hallazgos de Hernán Cortés en México y los de Pizarro en Perú, fue amado por su pueblo quien lamentó su muerte.

Los gobernadores que les siguieron siempre fueron una sombra al lado del gran Irala excepto tal vez de Hernando Arias de Saavedra apodado "Hernandarias", hijo de españoles pero nacido en Asunción en 1560. Fue el primer criollo que gobernó sus lares natales, creando así el orgullo local apoyándose en las masas mestizas y criollas. Hernandarias siempre mantuvo una imagen y actitud democráticas lo cual le permitieron dominar el escenario político del Paraguay hasta su muerte en 1631 en la ciudad de Santa Fe (otra villa hija de Asunción, ahora en la actual Argentina).

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